Hace poco visité el Museo de la Tortura de San Marino, más allá de todas las cosas horripilantes que muestran cuan perverso pueden llegar a ser los seres humanos también tenía su lugarcito el conocidísimo "cinturón de castidad", imagen que inicia este artículo.Lo cierto es que al contrario de las creencias populares el cinturón de castidad femenino (una serie de hierros entrelazados que terminaban con un candado enorme) no era utilizado solamente por los esposos celosos ni por los padres que pretendían conservar la virginidad de sus hijas hasta el matrimonio sino que muchas veces se los ponían las propias mujeres ya que en en la época medieval los castillos eran objeto de múltiples agresiones y no siempre estaban en el mismo los soldados suficientes como para rechazar los ataques, de esta manera las féminas se autoprotegían de las agresiones sexuales poniéndose ellas mismas este cinturón que normalmente era usado solo por algunos días ya que eran altamente antihigiénicos.
Claro, siempre algún esposo celoso se ocupó de salvaguardar la vagina de su mujer pero no era la generalidad, al menos en sus inicios.
No obstante, hay quienes aseveran, poniendo en tela de juicio la historia que se cuenta en la mayoría de los museos contemporáneos que el origen real del cinturón de castidad es bastante reciente. En el siglo XVIII (y hasta finales del XIX) se consideraba que el peor pecado era la masturbación, quien la practicaba, no solamente se hacía acreedor de las penas del infierno sino que además, atentaba grandemente contra su salud. Se creía que la masturbación llevaba a la tisis y a una muerte segura. Karl Müller, publicó en 1781 en Munich un libro dirigido a los jóvenes y a las damas piadosas, en el que se enumeraban las desgracias a las que se hacían acreedores quienes se masturbaban frenéticamente. Y de paso proponía un remedio: el cinturón de castidad.
Con esta óptica, el cinturón de castidad se comenzó a utilizar en los conventos en el siglo XVIII como prevención de los deseos carnales y como castigo. La moda no se extinguió en pleno siglo XX. Y aún hoy algunos dirigentes árabes luchan por recuperar su uso para "evitar las violaciones".

Lo cierto es que como vamos hacia la igualdad de géneros también los hombres pueden ostentar un cinturón de castidad masculino, cuya versión proviene de los siglos XVIII y XIX cuando era recetado por médicos y psiquiatras para evitar y curar los hábitos masturbatorios.
Actualmente ha sido rescatada por los sex shop para aquellas personas que tengan algún tipo de fantasía erótica o quien sabe si le puede servir a las féminas más celosas.
Igual les dejo la imágen de uno de los modelos.
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