Aunque considero que estas clasificaciones son una forma más de etiquetar a las personas y tienen un fin más publicitario que práctico, igual resulta curioso reflexionar sobre el fenómeno.Al tan de moda metrosexual le han salido varios competidores, uno de ellos es el retrosexual, término bautizado por Mark Simpson o el ubersexual, acuñado por Marian Salzman, Ira Matathia y Ann O’Reilly. Ambos términos significan lo mismo: hombres que cuidan su apariencia pero sin llegar a los excesos.
Al retrosexual no le interesa afeitarse o depilarse diariamente; tiende a usar ropa práctica y sin complementos y frecuenta muy de vez en cuando el gimnasio. Intentan pagar las cuentas propias y las de su pareja y cuida de las mujeres cediéndoles el paso o brindándoles su asiento; en fin, es la vuelta al viejo modelo de masculinidad.
Sin embargo, el retrosexual, para estar en época, no se salva del narcisismo pues en algunas ocasiones suelen vestir trajes excelentemente diseñados, su barba no es tan descuidada sino que es un descuido intencional y siempre van muy pulcros e incluso oliendo a colonias caras.
Si miramos a nuestro alrededor podremos percatarnos que el metrosexual cada vez es menos común y este hombre aparentemente descuidado se hace más usual. ¿Por qué? Quizás porque el modelo metrosexual ya vendió todo lo que iba a vender en cuestiones de publicidad o probablemente porque resulta agotador cuidarse excesivamente. Particularmente apuesto por la idea de que el narcisismo exagerado del metrosexual afectaba las relaciones con el sexo opuesto y ha sido necesaria una aparente evolución que realmente conlleva una vuelta al pasado.
Sea por una causa u otra, lo cierto es que ésta es la imagen que se vende actualmente en la publicidad: el actor o el deportista aparentemente despeinado, con una barba pequeña aparentemente descuidada, un atuendo aparentemente cómodo y sencillo... pero siempre caro. En resumen, demasiados "aparentemente" para mi gusto.
Comentarios