Mucho se ha hablado de los afrodisíacos, hay grandes detractores y adeptos. Ahora echaremos una ojeada a aquellas técnicas más bizarras que se utilizaban con el objetivo de aumentar el deseo y el placer sexual.La palabra afrodisíaco proviene de la alusión a Afrodita, diosa del amor, quizás por eso la mayoría de los afrodisíacos que conocemos son de origen marítimo. Lo cierto es que desde tiempos inmemorables el hombre ha iniciado su búsqueda de aquellos elementos que puedan aumentar el placer sexual, uno de los más clásicos es el ginseng pero también se ha utilizado otros muchísimo más extraños.
En la antigüedad se comprendía como afrodisíaco todo aquello que se semejase a los genitales, sobre todo las raíces de las plantas. Otros creían que comer el miembro masculino de un animal podría aumentar su potencia viril, por lo cual el pene de focas o el semen de hombres jóvenes también fueron tomados en cuenta.
En la Europa sajona ganaron reputación los espárragos, las zanahorias y las ostras.
Cuando se descubrió el nuevo mundo, la variedad de cultivos se convirtieron en afrodisíacos por excelencia al ser una comida variada, exótica y exuberante que aumentaba el deseo sexual; en la larga lista descollaban los tomates y las patatas.
Otros afrodisíacos de moda fueron: la sangre de venado, la sangre menstrual, la placenta, los huesos de tigres, e incluso: el cerebro de criminales.
En fin, que en materia de buscar el placer sexual la imaginación humana parece no tener límites aunque cuando alguien habla del tema siempre recuerdo una frase de Arjona: "El afrodisíaco más cumplidor es el amor".
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