El amor es un sentimiento hermoso pero no está exento de algunos comportamientos negativos como los celos. La infidelidad suele ser un punto delirante para una buena mayoría de las personas de cultura occidental, sin embargo, esa posesividad que experimentamos hacia nuestra pareja no se vivencia en todas las culturas. Así, en la tribu de los banaros de Nueva Guinea, la novia no tiene su primera relación sexual con su esposo sino que es desflorada ritualmente por un amigo del padre del novio. A su vez, el joven novio es iniciado ritualmente en el sexo por la esposa de un amigo del padre. Por supuesto, este intercambio de amantes no provoca celos.
Entre los esquimales es muy común ofrecer la mujer para que el huésped pase la noche con ella y pueda relajarse sexualmente. El anfitrión es considerado mezquino si no presta su esposa al visitante e incluso rechazar la mujer puede resultar una ofensa.
En las tribus poligámicas las mujeres principales apremian a sus esposos para que tomen más esposas secundarias, que entran en la familia como mano de obra y productoras de hijos. Los celos sólo aparecen cuando una nueva esposa se privilegia como favorita y lesiona las prerrogativas de la esposa principal.
No obstante, en los pueblos caribeños y meridionales no se tolera la infidelidad, y el engañado resulta burlado y estigmatizado por la opinión de las personas, de esta manera, en algunas ciudades es común dejar la puerta abierta cuando un hombre visita la casa en ausencia del marido.
Nada, que en materia de relaciones sentimentales cada cultura tiene sus tradiciones.
Fuente:
Un resumen del libro puede leerse en: El Amor, el sexo y los celos.
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