Sin duda alguna esta es una pregunta ante la cual se han debatido muchas féminas y ¿por qué no? también unos cuantos hombres. Particularmente creo que la pregunta correcta sería: ¿Cuál es la diferencia entre tener sexo en la primera cita y tenerlo en la segunda o la tercera? La respuesta: los prejuicios que nos condicionan y el miedo a lo que piense el otro. Cuando a una persona le proponen de una forma explícita o implícita la posibilidad de tener una relación sexual en la primera cita la primera pregunta que casi automáticamente aparece es: ¿qué pensará de mi la otra persona? ¿debo hacerlo? En vez de preguntarnos: ¿estoy preparada y deseo hacerlo con esa persona?
Para ser congruentes con la realidad no tenemos mucha más información de una persona porque tengamos una o dos citas más; no podemos saber si es una persona excelente por el mero hecho de haberlo visto tres veces más. A una persona solo se le puede conocer y comprender con el paso del tiempo, así, la decisión de hacer o no hacer el sexo en la primera cita está altamente permeada por nuestros tabúes, por esas falacias como: “los hombres que desean sexo en la primera noche no desean una relación seria”, “las mujeres que tienen sexo en la primera cita son fáciles”.
Curiosamente, algunos estudios aseveran que el 40% de los hombres y el 44% de las mujeres desearía tener un primer contacto amoroso pero no sexual.
Si una chica se siente libre de tener sexo en la primera noche y el joven la toma como liberal y desnaturalizada y abandona el inicio de relación, probablemente fue lo mejor que pudo pasar; personas con educaciones y formas de comprender la vida tan diversas no tendrían posteriormente muchos puntos en común. De la misma forma, la chica que piense que el joven que no quiere sexo en la primera cita es “a la antigua” o que “no la desea lo suficiente”, solo está encasillando a su compañero en un estereotipo de género que no ayudará a la relación. No obstante, establecer patrones siempre es negativo y el sexo en la primera cita debe ser una decisión de dos, eso sí, marcada por los deseos y la compenetración, no por los estereotipos o los prejuicios culturales.
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