Aunque éste es un experimento realizado hace algunos años, en el 1978 para ser más específica, no hay dudas de que su propósito y métodos fueron originales. Fue desarrollado en la Universidad Estatal de la Florida y conducido por el psicólogo Russell Clark. Algunos estudiantes que se ofrecieron de voluntarios tenían como objetivo recorrer el campus universitario y decirle a perfectos desconocidos frases del tipo: “Te he visto por aquí y me resultas atrayente. ¿Desearías irte a la cama conmigo?” o “¿Quisieras venir conmigo a mi apartamento?”
El objetivo era verificar si las mujeres y los hombres en situaciones de vida reales se diferencian en el aceptar o declinar esta insólita oferta.
Los resultados, por supuesto, fueron dramáticamente obvios: el 75% de los jóvenes fue muy feliz de aceptar la propuesta de una desconocida y aquellos que la negaron se excusaron diciendo que eran casados. Pero ni siquiera una chica aceptó la oferta aunque proviniese de jóvenes atrayentes.
Pero… ¿hoy obtendríamos los mismos resultados?
Algunos sociólogos aseveran que las mujeres de la modernidad prefieren una declaración directa, una incitación al sexo y que si un hombre se acerca con una frase del tipo: “me gustas muchísimo, quisiera tenerte en mi cama”, tendrá más posibilidades de cumplir su cometido que si adopta técnicas menos directas.
Fuente:
Clark, R. D. & Hatfield, E. (1989) Gender Differences in Receptivity to Sexual Offers. Journal of Psychology and Human Sexuality, 2(1): 39 – 55.
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