En artículos anteriores se hizo referencia a la dispareunia y el vaginismo, dos condiciones femeninas relativamente usuales. Sin embargo, las diferencias entre un trastorno y otro aún no son suficientemente claras. Primero debe aclararse que ambos trastornos son bastante similares pero no idénticos, como suele confundirse habitualmente entre los círculos de personas que no son especialistas en la sexualidad y que utilizan indistintamente un término por el otro.
En términos psicológicos, para diagnosticar el vaginismo deben tenerse en cuenta los siguientes criterios:
1. Aparición persistente o recurrente de espasmos involuntarios de la musculatura del tercio externo de la vagina que interfiere con la penetración.
2. Este trastorno provoca un acusado malestar o dificultades en las relaciones interpersonales y de pareja.
Mientras que para diagnosticar la dispareunia se tiene en cuenta:
1. Dolor genital recurrente o persistente asociado a la relación sexual, que puede observarse tanto en hombres como en mujeres.
2. El trastorno provoca malestar o dificultades en las relaciones interpersonales y de pareja.
3. La alteración no se debe al vaginismo o la falta de lubricación.
Como puede deducirse, el vaginismo implica dolor porque se intenta la penetración por un canal cerrado pero si la penetración no se practica no existe dolor ya que las contracciones de los músculos vaginales no producen una sensación de malestar. Al contrario de la dispareunia, donde además de experimentar el dolor, éste puede sentirse antes o después del acto sexual.
Aunque en algunos casos las causas psicológicas pueden converger, la generalidad muestra que el vaginismo es más una reacción defensiva provocada por miedos o creencias erróneas mientras que la dispareunia, aunque también puede ser una reacción a nivel psicológico, suele estar relacionada con experiencias reales de dolor en la zona genital que generan el pavor a repetir la experiencia dolorosa.
Fuente:
DSM IV. Manual diagnóstico de los trastornos mentales.
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