
Esta es una de las preguntas más usuales que probablemente en algún momento de sus vidas se hayan realizado la mayoría de las féminas.
La sexualidad no solo incluye el contacto físico sino también las más diversas fantasías. Las personas poseen un rango casi infinito de lo que consideran erótico y estimulante: mientras que para algunas el erotismo puede hallarse en un simple roce, para otras puede incluir la estimulación directa de los genitales o la estimulación a través de filmes, utilización de juguetes... en fin, la lista es inmensa y mientras no se dañe física o psicológicamente a otra persona o a sí mismo, todas las fantasías y formas del placer son igualmente válidas.
Conocemos que la excitación sexual puede tener diferentes detonantes, estos pueden ser físicos (una caricia o un roce) pero también pueden ser eminentemente psicológicos, entonces aparecen las imágenes recreadas por nuestra mente y las fantasías sexuales.
Las fantasías sexuales son pensamientos o imágenes mentales que poseen un significado erótico o sexual para la persona y que facilitan, incitan o provocan estados de excitación.
Así, las fantasías sexuales suelen ser muy diversas: pueden ser historias muy elaboradas o un simple pensamiento fugaz, pueden implicar imágenes de experiencias muy extrañas o extravagantes o imágenes altamente fieles a la realidad, pueden encontrarse en la recreación de situaciones que la persona ha vivenciado con anterioridad o ser imágenes totalmente imaginarias. También pueden aparecer espontáneamente, incluso mientras se mantiene relaciones sexuales con la pareja o pueden inducirse de manera intencionada, fundamentalmente durante la masturbación.
Las imágenes lésbicas suelen ser inconfesables ya que muchas mujeres temen expresar lo que ellas consideran como "una tendencia inadecuada y totalmente innatural". Sin embargo, son bastante comunes, o probablemente más comunes de lo que las propias mujeres desearían.
La raíz de la negación de estas fantasías debe buscarse en el pasado más remoto, en la Edad Media las relaciones sexuales entre personas del mismo género se consideraban pecaminosas pero esta práctica no definía la identidad sexual de la persona. Sin embargo, a inicios del siglo pasado el solo hecho de confesar una fantasía sexual con otra mujer identificaba a la fémina como un pervertida.
De esta manera, aún hoy subsisten rezagos del pasado y muchas mujeres niegan que en algún momento han fantaseado con otra mujer. Pero... ¿por qué surgen estas fantasías?
Existen varios estudios que muestran que, aunque las mujeres no lo reconozcan, se excitan tanto con la visión del cuerpo masculino como con el femenino y probablemente por este hecho la mayoría de los modelos que se utilizan para promocionar las ventas son mujeres. Así, parece ser que la actitud seductora de las féminas resulta igualmente atrayente para ambos géneros.
Como es de imaginar en este punto, las fantasías aparecen de manera totalmente espontánea y el principal problema radica en la interpretación que se realiza de las mismas identificándose como un deseo reprimido que genera angustia, frustraciones o inhibiciones. No obstante, imaginar algún hecho no implica el deseo o la posibilidad de llevarlo a cabo, incluso cuando algunas de estas fantasías se ponen en práctica, muchas personas las perciben como faltas de erotismo o decepcionantes.
Las fantasías con personas del mismo sexo no implican una variación de la identidad sexual, sobre todo porque la identidad sexual es una elección consciente de la persona pero además es un continuo donde pueden existir espacios no delimitados a la perfección.
Lo cierto es que intentar reprimir las fantasías sexuales porque tememos su contenido implica privarse de una vía de estimulación erótica muy rica y excitante que rompe con la cotidianidad. No obstante, la decisión final es siempre un asunto personal.
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