Tal y como se puede comprender en el título, me refiero a una tendencia erótica que está cobrando nuevos bríos: pintarse un tatuaje (cuyos precios oscilan entre los 10 y los 30 euros) para que después nuestra pareja lo pueda saborear y comer en una cena donde el plato fuerte es nuestro propio cuerpo.
En muchos sex shop ya existen las pinturas corporales comestibles de los más disímiles sabores: fresa, vainilla, menta, chocolate, lima, plátano, miel... y seguimos contando.También se venden los rotuladores por si la persona es capaz de hacerse un bonito tatuaje por sí misma o si en un arranque de imaginación erótica decide decorar el cuerpo de su pareja para después limpiarlo. Los precios de las pinturas rondan los 12 euros.
Hay muchas personas que aseveran que es algo totalmente innecesario, siempre existen a mano y por precios más módicos las confecciones clásicas de chocolate o de miel que pueden encontrarse en cualquier supermercado. Pero la diferencia radica en que con esta pintura el tatuaje es más difícil de eliminar, con esto haremos "trabajar" más a la pareja y de seguro hallaremos más satisfacción, sin sentir posteriormente esa molesta sensación de empegotamiento que nos producen los restos de azúcar en el cuerpo. Además, en materia de erotismo, la creatividad y originalidad se premian con excitación.
Claro, siempre es una decisión personal. Yo, como es costumbre, les dejo un link a un sitio donde pueden adquirir o curiosear sobre el tema de las pinturas: ColoreMoi

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