Créanlo o no lo crean, aún existen muchas mujeres que muestran profundas reticencias ante la práctica del fellatio o la felación. Las causas ante tal desagrado pueden ser muy variadas: algunas féminas aún consideran que el sexo tiene como principal objetivo la procreación por lo cual, evidentemente, la felación no tiene ningún sentido ya que es un acto de "placer lujurioso", por llamarlo de alguna forma. Probablemente esta creencia no se manifiesta en la conciencia pero desde las raíces judeo-cristianas y el inconsciente, están determinando su relación con el miembro masculino.
Para ser más específica, no hace mucho me encontré con una mujer que se asombraba del hecho de que la mayoría de las féminas practicara la felación a sus parejas e incluso abogaba porque era una práctica malsana, denigrante y sucia. Verdaderamente hay momentos en que me cuesta creer que estamos en pleno siglo XXI, años después de la revolución sexual.
Haciendo un poco de historia sobre esta práctica milenaria, al contrario de lo que podría creerse, en el Antiguo Egipto existían mujeres que no necesariamente ejercían la prostitucion pero que eran llamadas felatrices porque eran expertas en la práctica. Para ser fácilmente reconocidas se pintaban los labios de un color particular. Algo muy similar a la moda de las pulseras sexuales que se observa hoy en norteamerica.
Entonces, ¿de dónde proviene la idea de que es pecaminosa? Se puede rastrear hasta la Antigua Roma donde practicar una felación o un cunnilingus, ya fuera un hombre o una mujer, lo convertía en culpable. Según la jerarquía romana de la degradación sexual, un hombre sospechoso de haber estimulado oralmente a una mujer se rebajaba más que uno que fuera penetrado por otro hombre. ¡Interesante!
No obstante, entre los sambianos de Papúa Nueva Guinea hay la creencia de que el semen tiene propiedades especiales por lo que es importante que los jóvenes ingieran el semen de sus mayores a través de la realización de felaciones en ritos de iniciación.
Continuando con el tema en la actualidad, existen otras féminas que presentan una barrera más sencilla: les disgusta el sabor del semen. Ante esta mínima dificultad las opciones son varias: el hombre puede eyacular fuera, se puede retener el semen e inmediatamente botarlo (opción que no resulta del agrado de muchos hombres ya que simboliza un rechazo a su masculinidad) o utilizar los beneficios del desarrollo a partir del consumo de unas pastillas que cambian temporalmente el sabor del semen.
No obstante, debo alertar sobre un prejuicio que suele abundar entre muchas féminas: "a todos los hombres les gusta que le practiquen la felación". No es así, existen algunos varones que aunque no les disgusta por completo esta práctica tampoco se sienten muy cómodos o particularmente excitados con la misma. Así, en algunas ocasiones son las mujeres las que deben armarse de paciencia y sensibilidad particular. Aunque como siempre digo, la sexualidad es una actividad para ser disfrutada entre dos, así que cualquier prejuicio sobra.

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