Conocemos a alguien y en menos de diez minutos ya le hemos mentido al menos tres veces. O así lo aseveran las estadísticas. Aunque probablemente el número sea un poco exagerado, lo cierto es que la mentira no es una práctica poco habitual y no solo en las relaciones con los desconocidos sino también en la pareja.
Una curiosa investigación sobre la tendencia a mentir nos afirma que hombres y mujeres dicen la misma cantidad de mentiras. ¿Cuál es el tema por excelencia para mentir? Los estados emocionales, en particular cuando las mujeres deseaban ser percibidas como muy competentes y los hombres como agradables.
¿Por qué tendemos a mentir sobre nuestras emociones? Porque existe un acuerdo tácito a nivel social donde damos por sentado que a las personas lejanas a nosotros emocionalmente, no les interesa nuestro bienestar emocional, así, simplemente lo escondemos o disimulamos. El ejemplo más común es cuando un conocido se acerca y nos pregunta: "¿Cómo estás?", a lo que invariablemente respondemos: "Bien". Tema cerrado, aparece la "mentira blanca". Estas mentiras no son consideradas como negativas, moralmente hablando, pero son la base de las "mentiras piadosas".
El peligro de las "mentiras blancas" radica en que llega un momento en el cual asumimos que nuestro estado emocional es una cuestión tan particular, tan individual que muchas veces no compartimos nuestras zozobras con la pareja, así, se desarrolla un muro de incomprensión. Bajo el lema: "No es necesario preocuparlo/a" escondemos mucho de lo que sentimos y le damos paso a la especulación. Si nuestra pareja no conoce la causa de nuestro distanciamiento es muy probable que comience a hipotetizar sobre el mismo. En ocasiones estas mentiras u omisiones se arrastran por años hasta que se convierten en una pesada carga que no sabemos cómo despejar.
El ejemplo más clásico de una "mentira piadosa" es cuando la mujer no le comenta a su pareja que no puede llegar al orgasmo cuando tienen relaciones sexuales para que "no se afecte su autoestima". Sin duda alguna debe ser muy difícil para cualquier persona enterarse al cabo de los años que no ha logrado satisfacer plenamente a su pareja.
Por otra parte, entre los hombres está bastante extendida la costumbre de ocultar el uso de las píldoras estimulantes: "No tengo que decírselo, así ella creerá que su atractivo sigue ejerciendo poderes afrodisíacos".
Las "mentiras blancas" y las "mentiras piadosas" son una vía de escape donde el mentiroso se brinda una auto explicación que lo exime de posibles culpas y dilemas morales. Pero no debemos olvidar que cada persona tiene el derecho a conocer la verdad en lo que a ella concierne. Tomar la píldora anticonceptiva, los estimulantes sexuales o conocer en qué grado nuestra pareja se siente satisfecha con nosotros es un derecho que nadie debería retirárnoslo. Cuando se decide iniciar la vida de pareja también debemos estar dispuestos a reconocer los derechos del otro y a respetarlos y eso también implica quitarnos los antifaces sociales y comenzar a ser más veraces.
Fuente:
Feldman, R. S.; Forrest, J. A. & Happ, B. R. (2002) Self-presentation and verbal deception: Do self-presenters lie more? Basic and Applied Social Psychology; 24(2): 163-170.
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