Quisiera comenzar la reflexión recordando a una amiga de la universidad que aunque físicamente era muy atractiva y era una persona con una facilidad especial para iniciar las relaciones interpersonales, siempre terminaba de pareja con los peores jóvenes del campus (física y espiritualmente hablando). ¿Por qué? Sencillamente porque ella estaba convencida de que no se merecía nada mejor, tenía una autoestima muy baja.
De la misma forma, he tenido que presenciar a muchas mujeres que sostienen relaciones extremadamente dolorosas, dañinas y auto destructivas pero no son capaces de tomar la decisión final: terminar de una vez y por todas. ¿Cuál es la explicación para este comportamiento?
Las causas son muy variadas, así, intentaré resumir las generalidades que he hallado en mi experiencia personal y profesional.
Normalmente este tipo de relación inicia como cualquier otra: besos, regalos, atenciones, promesas... pero la diferencia radica en que el hombre generalmente es muy posesivo. La mujer se convierte en una pequeña princesa, centro único de todo el universo masculino y si bien esto podría sonar a un bello cuento de hadas lo cierto es que al final este comportamiento controlador llega a ser insoportable. Poco a poco lo que antes eran bellas excusas para estar juntos como: ir a comer o salir al cine; con el tiempo se convierte en una rotunda negativa a que la mujer tenga su propio espacio personal.
Sin embargo, la mujer aún mantiene en el recuerdo aquellos momentos idílicos por lo cual, todavía tiene la esperanza de que su pareja podrá cambiar y recobrar juntos aquel tiempo perdido.
Además, debemos tener en cuenta que estos hombres generalmente saben ser encantadores, probablemente puedan ser los más románticos del mundo luego de propiciar un bofetón. Después de la tormenta llueven las flores, regalos, disculpas y el consabido: "no volverá a suceder". ¿Créalo o no lo crea?
Una tercera razón pero no menos importante es la creencia: "yo no merezco nada mejor". Muchas mujeres se mantienen en relaciones dolorosas porque piensan que no encontrarán una pareja mejor que la actual y temen estar solas. Tienen una baja autoestima propiciada porque "soy demasiado gorda", "soy muy mayor", "no soy bonita"... Particularmente prefiero el refrán: "mejor sola que mal acompañada".
En ocasiones esta idea se sustenta en el hecho de que estas mujeres simplemente no conocen nada mejor. Han crecido en un ambiente donde los hombres que conoce son abusivos y manipuladores por lo cual ni siquiera se plantearán la idea de buscar una relación de pareja diversa.
También existen hombres que son manipuladores expertos. Generalmente conocen los puntos débiles de las mujeres y les hacen creer que la causa de su agresividad o de sus celos radica en el comportamiento femenino: "Si no fueses así no tendría que pegarte", "Si no fueses así podrías salir sola"... son algunas de las frases más usadas. Lo curioso es que estas mujeres se las creen.
Por último, aunque no por eso quedan agotadas todas las causas, hallamos la razón más emocional: "¡Lo amo!". Simple y llanamente las mujeres aman a su pareja y no desean abandonarla porque ese sentimiento las hace mantener la ilusoria esperanza de que todo podrá cambiar tan súbitamente como inició. Ya sabemos que en ocasiones el amor se presenta como un estado de obnubilación de la conciencia así que no me extenderé en explicar esta "causa del corazón".
Todos tenemos derecho a preservar nuestro propio espacio personal de la misma manera que debemos ser capaces de identificar cuando una relación comienza a ser dañina para ambos miembros de la pareja. La mejor opción para evitar estas relaciones dañinas es la prevención: definir desde el primer momento nuestras reglas, aquello que podemos permitir y lo que consideramos es una afrenta a nuestra libertad y equilibrio mental. Soy de las que creo que debemos luchar por mantener las relaciones de pareja y no abandonarlas al primer desencuentro pero hay momentos en que es necesario poner en la balanza nuestro equilibrio psicológico y la relación. Entonces, cuando la inclinación es demasiado acusada, llegó el momento de decidir. La vida siempre nos deparará gratas sorpresas.

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