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Masturbación femenina: los rezagos de la historia

En el relativamente cercano 1953 la felicidad de una mujer aún se evaluaba por sus habilidades caseras y su ajuar electrodoméstico. Entonces el libro "El comportamiento sexual en la hembra humana" asombró al mundo cuando afirmó que las mujeres eran capaces de experimentar el mismo deseo y excitación sexual que los hombres. Afortunadamente esta época ha quedado atrás, ¿o no?

Debo decirles que todavía existen mujeres que consideran que la masturbación es un pecado vergonzoso. Las explicaciones o racionalizaciones son muy variadas: "tengo pareja, no lo necesito", "no sé como hacerlo", "eso es cosa de hombres"... en fin, la lista de excusas puede ser muy larga.

El problema ético de la masturbación podría remontarse incluso a su significado etimológico; algunos afirman que proviene de la locución manu stupare que significaría violarse o forzarse con la mano, mientras que otros aseveran que proviene del vocablo manu turbare que indicaría turbarse con la mano. En el primer caso, evidentemente, implicaría un comportamiento negativo cometido contra una misma. Probablemente esta es la concepción que ha prevalecido a lo largo del tiempo sustentada en la moral judeo-cristiana provocando que antes de masturbarse sin "cargos de conciencia", la mujer deba resolver primero unos cuantos dilemas morales.

De hecho debo decir que algunos de los instrumentos de tortura más escalofriantes que he visto (algunos utilizados en el medioevo pero otros desgraciadamente recientes), se centran en provocar dolor en la zona genital. Algunos realmente me hicieron tambalear por su elevada crueldad y es que a lo largo de la historia muchas personas consideraron que la masturbación era un acto inmoral por lo cual no es extraño que escogiesen precisamente los genitales como la zona por excelencia para causar daño. Aquí les dejo una imagen que tomé yo misma de uno de los instrumentos de tortura más utilizados y que actualmente (según la información del Museo de San Marino) se continúa utilizando.


Antiguamente se creía que la masturbación era “mala” pues impedía que la especie humana se reprodujese. ¿Por qué? Debido a dos razonamientos muy sencillos: la emisión improductiva de semen que tiene lugar durante la masturbación y debido al miedo a que las mujeres optaran por autocomplacerse más que por mantener relaciones sexuales con los hombres.

Hasta este punto más allá de un razonamiento inadecuado no existían grandes implicaciones éticas para el acto de masturbarse pero a inicios del siglo XVIII a la masturbación se le añadió el "daño moral" y el “daño físico” cuando comenzó a propagarse la idea de que la masturbación, además de condenar las almas, ocasionaba un número increíble de enfermedades.

Entonces se idearon muchos métodos para descubrir a las niñas que practicaban esta actividad pecaminosa y por supuesto, se crearon numerosos remedios contra la masturbación. Algunos de ellos eran: usar guantes ásperos, aparatos especiales que impedían acceder a los genitales, descargas eléctricas, tratar los genitales con ortigas o incluso extirparlos quirúrgicamente.

En décadas posteriores, visto que estas técnicas dejaban de surtir su efecto, se implantó un verdadero terrorismo psicológico. Por ejemplo, se le decía a las pequeñas que si se masturbaban les saldrían granos, se volverían locas, perderían el clítoris… en fin, cada efecto negativo quedaba a la creatividad de los padres y abuelos. Y estos son los rezagos más recientes que aún hoy atormentan nuestra mente, quizás formando parte de algún inconsciente colectivo al más puro estilo jungiano. Por supuesto, no dudo para nada que si alguna pequeña fue asustada con estos terribles efectos, probablemente esta información traumática se active y le impida disfrutar de su cuerpo aunque en la actualidad conozca que no existe ninguna base científica que respalde estos argumentos.

Para concluir este pequeño viaje a la historia de la masturbación femenina desearía aclarar (una vez más) que el autoerotismo provoca un placer muy relajante y ayuda a la mujer a determinar cuáles son sus puntos más erógenos y cuál es la mejor manera de estimularlos. Y aunque inicialmente se comprende como un placer en solitario, puede resultar muy estimulante cuando comienza a formar parte de los juegos de pareja.

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