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El estrés: Un asesino del deseo sexual

En algunas ocasiones la falta de deseo sexual llega de un momento al otro; muchas veces no nos preocupamos porque pensamos que de la misma manera súbita en que llegó, puede desaparecer. Sin embargo, la realidad es bien diversa y la falta de deseo sexual debe enfrentarse con toda la seriedad que amerita el tema ya que está considerada por la Organización Mundial de la Salud como una patología, en el más amplio sentido de la palabra.

Las causas de la falta de deseo sexual pueden ser muy variadas; algunas de ellas relacionadas con los problemas endocrinos, trastornos hormonales, insuficiencia renal o con el uso de determinados fármacos. No obstante, en una buena parte de los casos, el origen de la falta de deseo sexual es psicológico. El estrés, el exceso de carga laboral o familiar y la incapacidad para afrontar la ansiedad que estas situaciones generan suelen ser algunas de las causas más comunes de la inapetencia sexual.

Así, el estrés se presenta como un lento e implacable asesino de la libido. Para comprender con mayor profundidad este mecanismo basta conocer que ante situaciones de estrés generalmente aumentan los niveles de cortisol en sangre pero el cortisol actúa reprimiendo muchas de las funciones orgánicas, la sexual entre ellas. Cuando la tensión se va acumulando, llega un momento en que nos bloqueamos y el plano sexual no queda exento de esta respuesta.

Desde el punto de vista psicólogico, cuando la persona se siente estresada, generalmente es incapaz de dejarse llevar por las sensaciones del momento y vivir al máximo el encuentro sexual; de esta forma, muchos prefieren evitar las relaciones sexuales.

Para saber si la falta de deseo sexual se debe realmente al estrés, existen tres signos que nos pueden iluminar el camino; estos son:

-La persona solía presentar un deseo sexual activo y mantenido a lo largo del tiempo pero el interés sexual decayó bruscamente.

-Existe una falta de interés para iniciar el encuentro sexual

-Existen factores del medio claramente estresantes que provocan preocupación y malestar en la persona

Generalmente la falta de deseo sexual se muestra de manera acuciada entre las mujeres, mucho más que entre los hombres, no sólo por el estrés sino también por los estereotipos culturales, la educación recibida o la sobrecarga de las labores domésticas.

También debe resaltarse que la falta de deseo sexual dependerá de cada persona ya que en algunos este periodo puede extenderse más que en otros, o incluso hacerse crónico. Generalmente quienes le brinden un papel importante a la sexualidad, mostrarán una tendencia a recuperarse con mayor rapidez ya que activarán sus recursos para hallarle una solución a la problemática. Al contrario, las parejas que basen su relación en otros aspectos y consideren el sexo como un “anexo”, se recuperarán con más lentitud.

Para enfrentar la falta de deseo sexual es importante que seamos capaces de determinar qué factores nos condujeron a esta problemática, tomando conciencia de los mismos. Por otra parte, es fundamental aprender a relajarse ya que las situaciones de estrés pueden aparecer en cualquier otro momento a lo largo del tiempo y aprender a construir nuestra calidad de vida, eliminando todas aquellas tareas que nos agotan y no son necesarias.

A la misma vez, es fundamental aprender a delimitar nuestras prioridades. En muchas ocasiones no podemos eliminar los problemas sino que tenemos que convivir con ellos por un periodo de tiempo determinado; entonces es importante no poner a un lado a la pareja con la excusa de que él o ella nos comprenderá. En estos momentos es importante rescatar la imaginación erótica (quizás ayudado por la pareja que experimente menos estrés) y olvidarse de las prisas.

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