Sin lugar a dudas el momento del orgasmo es uno de los más placenteros en la relación sexual; ese instante en el cual todo parece apagarse alrededor y se siente una explosión de energía. En esos precisos momentos vivenciamos una serie de cambios corporales muy fuertes como el aumento de la circulación y el incremento de los latidos del corazón. Así, no es extraño que cuando terminemos de experimentar estas sensaciones nos quedemos agotados. En muchas mujeres, después del orgasmo, los tejidos de la vagina y los labios mayores y menores reciben una gran cantidad de sangre y esto hace que aumenten su grosor. Para algunas féminas esta “inflamación” llega a ser molesta si se continúa con la penetración. Al contrario, otras féminas, aparejado al orgasmo, expulsan un líquido blanco (un proceso similar a la eyaculación masculina) que lubrica en exceso la vagina y el hombre percibe cómo ésta deja de rodear el pene, disminuyendo considerablemente las sensaciones placenteras para ambos. En el c...
Hablando sin reservas