En los últimos meses se ha oído
hablar mucho de la vitrificación de embriones y, de hecho, en España ya existen
los primeros casos de parejas que han tenido a sus bebés gracias a esta
técnica. Pero… ¿qué es ciencia cierta la vitrificación de embriones?
En primer lugar, debes saber que
la palabra embrión se refiere a los óvulos que ya han sido fecundados por un
espermatozoide. Y la vitrificación, en palabras sencillas, no es otra cosa que
almacenar a muy bajas temperaturas estos óvulos para usarlos posteriormente.
Antiguamente este procedimiento
se realizaba congelando el embrión lentamente (a un ritmo de unos 0´3 ºC por
minuto), de esta forma se evitaba la formación de hielo (ya que las células
contienen agua en su interior). El problema radicaba en que la implantación de
estos embriones no tenía mucho éxito.
Por eso ahora se utiliza un
procedimiento más avanzado, conocido como vitrificación, que logra una mejor
supervivencia de los embriones y, por ende, su tasa de éxito en la implantación
es más alta. En la vitrificación se enfrían las células de manera ultra rápida,
a más de 15.000 ºC por minuto. De esta forma no hay tiempo suficiente para que
se forme el hielo y, a la misma vez, se dañan menos las células.
Los embriones se pueden
vitrificar prácticamente en cualquier estadio pero lo más común es hacerlo en
el segundo o tercer día de su desarrollo. No obstante, investigaciones
recientes también han demostrado que en el cuarto y quinto día también se
obtienen excelentes resultados.
¿Cuáles son sus beneficios?
En primer lugar, elimina uno de
los principales riesgos de la Fecundación In Vitro:
la mujer que es sometida a varias sesiones de estimulación ovárica puede
desarrollar una menopausia prematura, con el consecuente riesgo de padecer
osteoporosis y problemas cardiovasculares. Obviamente, con la vitrificación no
será necesario repetir la estimulación ovárica ya que los médicos ya tienen los
embriones.
Además, con esta técnica la
pareja podría preservar la fertilidad, sobre todo en casos de mujeres que deben
someterse a tratamientos o que padecen de enfermedades que podrían desencadenar
una pérdida de la función ovárica.

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